La noticia tuvo una buena repercusión. La posibilidad de que la Argentina organice conjuntamente con Uruguay el Mundial de Fútbol de 2030, cuando se celebre el centenario de la primera Copa de la FIFA, ha movilizado a algunos dirigentes de la AFA. La idea fue lanzada en 2005 por Tabaré Vázquez, en ese momento presidente del país hermano, pero se fue desinflando en el transcurso del tiempo. Es posible que a partir de las elecciones del organismo mundial, programadas para el 26 de febrero, la propuesta tome mayor fuerza. En 1930, Uruguay ganó la Copa Jules Rimet al derrotar en la final por 4 a 2 a la Argentina.

Organizar un Mundial cuesta varios miles de millones de dólares por las inversiones que deben hacerse especialmente en la construcción de estadios. Para la cita que tendrá como sede Rusia en 2018, la FIFA exige 12 estadios, con una capacidad mínima de 40.000 espectadores y uno de 80.000, donde se juegue el partido inaugural y el final. En ese sentido, nuestro país no tendría que arrancar de cero porque para la Copa América 2011 se refaccionaron los estadios de Mendoza, Santa Fe, Córdoba y La Plata. “Si hacemos la ecuación económica completa, el Mundial a la larga se financia con las inversiones que le trae al país. Todo lo que genera una Copa del Mundo trae mucho dinero en turismo, sponsors y demás. También se puede aprovechar para hacer grandes obras de infraestructura que ya les quedan para siempre a las ciudades. Ojalá una de las sedes pueda ser el nuevo estadio de San Lorenzo, que va a ser el más moderno y va a estar muy bien ubicado”, le dijo a Clarín el presidente de los azulgranas.

En este matutino se consignó que las posibles sedes podrían ser Montevideo, Maldonado, Paysandú y Rivera, en Uruguay, y Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Mar del Plata, Rosario y Mendoza, en nuestro país. En caso de que la FIFA aprobara la propuesta conjunta y se confirmaran las posibles sedes, Tucumán quedaría una vez más afuera por carecer de un estadio que cumpla con las exigencias internacionales.

En 1970 nació una idea de construir un imponente estadio en la zona de La Olla, camino a Horco Molle, en vistas a la posibilidad de ser subsede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978. Según el anteproyecto, la obra iba a realizarse en un predio de 40 hectáreas y contemplaba un estadio con capacidad para 70.000 personas sentadas, con una playa de estacionamiento para 10.000 vehículos. Pero el sueño quedó trunco en 1974, cuando Tucumán quedó marginado. Un sentimiento de frustración y de injusticia experimentaron entonces los tucumanos. Entre las causas que influyeron en la decisión, se señaló la inoperancia de los legisladores locales -existía el sistema bicameral- que no habían aprobado el proyecto con media sanción del Senado, dándoles así carácter oficial a las gestiones del comité para lograr que Tucumán fuera subsede. Esta tardanza había entorpecido la gestión a nivel nacional. También se responsabilizó a dirigentes del fútbol tucumano que estaban enfrentados y se cuestionó la falta de seriedad.

Si existiera el interés de que Tucumán aspirara a ser sede en el supuesto caso de que se concretara esta propuesta del Mundial 2030, sería importante que aprendiéramos la lección del fracaso de hace cuatro décadas y se trabajara en forma conjunta y coordinada, con decisión y pensando en grande.